Cristina en su laberinto

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Por María Herminia Grande
Hace apenas seis meses Cristina Fernández de Kirchner enviudó. La muerte que siempre duele y conduele, sorprendió a pesar de los avisos. Porque siempre sorprende que ocurra lo no deseado. Seguramente Cristina Kirchner, que es la Presidente, ha tenido muy pocos momentos, quizá alguna madrugada, para llorar sin testigos. Toda pérdida de un ser querido conlleva un duelo. Es un proceso natural que tengamos o no conciencia del mismo, acontece. A grandes rasgos el duelo tiene tres fases. La primera de ella puede durar horas, días o meses, es de negación a lo ocurrido y de tratar de asimilar el golpe. La segunda fase es de dolor por la separación, desinterés por el mundo, angustia. Comienza el trabajo de deshacer los lazos que continúan el vínculo con la persona desaparecida.

Todas las actividades del doliente pierden significado. En la fase final, comienza una gradual reconexión con la vida diaria y una estabilización de los altibajos de la etapa anterior. Se recuerda a la persona desaparecida con cariño y tristeza en lugar de dolor agudo. No pretende este análisis convertirse en un diagnóstico médico, simplemente es importante recordar este proceso para entender un poco más a la protagonista: una mujer que tiene la responsabilidad de ser madre en lo que hace a su entorno familiar; y de ostentar el cargo más alto que la democracia confiere: presidente de la República. Curiosamente, dicen algunos tratados sobre el tema que en la primera etapa del duelo es difícil nombrar al ausente con nombre propio. Normalmente la referencia es a través de él o ella. También se señala como característica perteneciente a la segunda fase el ponerle nombre al dolor. La presidente ha comenzado a referirse a su marido muerto con nombre propio.

Si nos dejamos llevar por este análisis, Cristina Fernández estaría atravesando la segunda de las fases del duelo. En medio del sentimiento de dolor, rabia, desinterés y del trabajo por tratar de deshacer el lazo, debe decidir nada más y nada menos, la posibilidad de su reelección. Si el análisis pasa por la razón, los argumentos pesan a favor de la aceptación de una nueva candidatura. En cuanto al peso de lo emocional sobre su decisión, no corresponde conjeturarlo desde esta columna. Más allá de lo que digan los tratados, la vida indica que el dolor da oportunidades. Ha trascendido que la presidente ha hecho saber a sus más directos colaboradores que no tolerará actos de corrupción. Por otra parte ha tomado la decisión de acotarle el poder al titular de la CGT, Hugo Moyano. Poder que el ex presidente y ella misma en vida de Néstor Kirchner, le permitieron acuñar. Gradualmente la presidente viene expresando un encono contra Moyano. Cristina de Kirchner sabe que Urtubey tiene razón. Que la sociedad no lo califica bien, y que si quiere ir por su segundo mandato, debe poner en caja al líder sindical. Pero lo cierto es que Moyano también sabe que de este hoy, depende su mañana. Tal vez el punto máximo se vivió esta semana cuando en José C. Paz dijo: “Estoy cansada de las hipocresías, de los que dicen ayudar en nombre de ‘Cristina’ y al otro día hacen todo lo contrario para que esto tenga problemas o se derrumbe”. También dijo: “No quiero explotación ni extorsión en la Argentina”. Pocas horas duró el silencio absoluto del sector sindical. Para romperlo, luego, el secretario de Derechos Humanos de la central obrera, Julio Piumato quien dijo: “Nadie se suicida y menos la jefa». Cualquiera de todas las lecturas que se puedan realizar sobre esta declaración, todas llevan a la misma conclusión: es cuanto menos desafortunada y si se agudiza el análisis suena a extorsión.

Si su equilibrio emocional finalmente acepta el desafío y el electorado la acompaña eligiéndola por un nuevo período, encontrará la presidente una Argentina que deberá ordenar. Las ambiciones de Moyano pueden pasar a ser un juego de niños comparado con las ambiciones del narcotráfico.

Quien gobierne Argentina en este tiempo, deberá concentrar casi todas sus fuerzas para librar esta batalla que venimos perdiendo. Correr del escenario cotidiano el negocio de la droga, implica controlar la delincuencia y poner en caja a la violencia que hoy azota la sociedad. También será tema del próximo gobierno la revisión de los subsidios otorgados a determinados sectores empresariales. Por ejemplo: el transporte, los sueldos que allí se abonan son casi el doble de los de otro sector que no lo esté bendecido por los subsidios del gobierno. Esto se repite en todas los sectores que reciben subsidios del gobierno. La inflación deberá ser controlada antes que se normalice el funcionamiento del INDEC en el 2013. Además, sigue siendo una deuda afianzar las instituciones democráticas. Tal vez el mayor desafío para el próximo gobierno sea que los jóvenes que hoy sólo en un 40% creen en las bondades de la democracia, se enamoren todos del sistema que permite, bien practicado, vivir una sociedad mucho más justa e igualitaria

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2011/5/edicion_924/contenidos/noticia_5123.html

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