Muammar al-Gaddafi, de los últimos dinosaurios en el poder

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El apoyo de los mandatarios de América Latina al sangriento dictador
Vientos de libertad soplan en los países del norte de África, acompañados siempre de la Internet y la militancia en el ciberespacio. Sin duda alguna, estas tendencias han llegado para quedarse y sus resultados ya se dejan ver: se cuentan dos gobernantes exilados, manifestaciones varias e importantes revueltas por doquier. El apoyo de los presidentes iberoamericanos y la óptica fallida de Cristina Fernández Wilhelm.

Aún con sus diferencias abismales, los países de Medio Oriente envueltos en crisis político-sociales observan un denominador común: sus ciudadanos -si acaso son tales- se perciben hartos de atropellos contra sus derechos individuales y, en particular, del egocentrismo de sus líderes, perpetuados en el poder. Estos pueblos han oteado las posibilidades de un nuevo derrotero a seguir, y que se da en llamar «Democracia».

El turno le ha tocado ahora a Libia, país regenteado por el ya legendario Muamar al-Gaddafi. Se trata de un militar nacido en el desierto, en la ciudad de Sirte en 1942, y protagonista central de la revolución que derrocó al régimen monárquico del rey Idris en 1969. Al-Gaddafi (también nombrado Khadafy) ha gobernado por más de cuatro décadas esta nación, imponiendo un sesgo autoritario al manejo de los asuntos del Estado.

Grupos de manifestantes iniciaron sus protestas hace solo unos días en Trípoli, capital de Libia, emulando lo sucedido en Egipto y Túnez. Las demostraciones públicas se han llevado a cabo con la remoción del gobierno de Gaddafi entre los principales objetivos: se le exige que renuncie. Tal como sucediera en el vecino Egipto, el movimiento rebelde se ha esparcido rápida y eficazmente a lo largo de toda la geografía nacional. Gaddafi no es otra cosa que un «dinosaurio» del poder. Apegado sin remedio a una visión fundamentalista [no desde lo religioso, sino desde el fanatismo], ha repetido que no abandonará el poder y que morirá «como un mártir». Se especula con que su final podría arribar por la vía del suicidio en sus propias manos o la de sus hijos.

Las recientes declaraciones del por ahora líder libio resultan, cuando menos, bizarras, por cuanto las noticias internacionales nos acercan a otra realidad. Por ejemplo, afirmó el presidente que estas manifestaciones han sido provocadas por “un pequeño grupo de jóvenes drogados que trataron de imitar lo que ha pasado en Túnez y Egipto”. Apuntó también que se trata de «mercenarios que han avergonzado a sus clanes y familias». Advirtiendo, de paso, que los enemigos de su país serían «ejecutados».

Haciendo honor a su palabra, al-Gaddafi ha contratado a mercenarios extranjeros -nacidos en países cercanos- para que asesinen a los manifestantes y siembren el terror entre la población. Planteo táctico que persigue un objetivo de disuasión. También procuró ordenar bombardeos sobre la ciudad y se ignora qué tantas otras atrocidades ha considerado y ejecutado en perjuicio de la integridad de sus compatriotas. La BBC ha reportado recientemente que «El ejército libio ha experimentado una serie de deserciones e informes desde Bengasi dan cuenta de que pilotos rechazaron las órdenes de bombardear la ciudad y se lanzaron en paracaídas de sus aviones». Se ha confirmado por varias vías que los militares se perciben divididos y que han comenzado a desertar: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/02/110223_libia_gadafi_ejercito…

Un sinnúmero de cables refieren que hasta el momento han perdido la vida más de 300 personas a manos del conflicto. Sin embargo, otras fuentes mencionan incluso hasta diez mil bajas.

Por su parte, el presidente estadounidense Barack Obama ha reclamado contundentemente por el cese de la violencia, calificando el “derramamiento de sangre como indignante”. Se conoció en las últimas horas que el país del norte se encuentra analizando con sus aliados la posibilidad de intervenir, opción que se confirmaría si acaso se viere interrumpido el suministro de petróleo hacia Occidente.
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/02/110223_ultnot_eeuu_l…

La Casa Blanca había reaccionado tibiamente al principio pero el crudo desenvolvimiento de los hechos ha terminado por empujarlo a endurecer el discurso. La preocupación era que la Hermandad Musulmana se encontrara detrás de las revueltas, pero reportes de inteligencia europeos y de la propia CIA parecen descartar esta posibilidad. Despejada esta lóbrega eventualidad de radicalización de la Libia pos al-Gaddafi, la prioridad ha vuelto a ser el oro negro: el ingreso de una fuerza multinacional se hace -con el transcurrir de las horas- mucho más plausible.

Ya ingresando en el terreno de lo incomprensible y condenable, el líder libio – verdadero “dinosaurio del poder”- ha sabido recibir el apoyo político y sin reparos de parte de los mandatarios más impopulares del quehacer iberoamericano. Líderes de corte autoritario y con sus índices de popularidad comprometidos -comenzando por el dictador cubano Fidel Castro- le han expresado palabras de adhesión, tanto desde los discursos como en el terreno económico. El sandinista Daniel Ortega, junto con su comandante y financista -el venezolano Hugo Chávez Frías- han aportado su cuota de apoyo: el bolivariano comparó recientemente a Gaddafi con Simón Bolívar: http://www.youtube.com/watch?v=LCyPk07TJ90.

Por su parte, la primera mandataria de la Argentina, Cristina Fernández Wilhelm, ha sostenido encuentros con el líder libio en su oportunidad, con el objeto de concretar negocios multimillonarios para proveer de alimentos a la nación regida por el dictador ahora en problemas. El gobierno argentino se encuentra harto preocupado por estas horas, dado que importantes inversiones convenidas con Túnez, Egipto y ahora Libia se ven comprometidas y difícilmente se llevarán a cabo. El kirchnerismo contaba con el ingreso de aquellas divisas para alimentar sus estructuras electorales de cara a octubre de 2011, mejorando los números de la balanza comercial en el proceso. Pero la incoherencia en el discurso oficial se hace patente en la verborragia de la Casa Rosada: pocos años atrás, Cristina Fernández había criticado las políticas de derechos civiles en la república africana de Guinea Ecuatorial. Pero el presidente de aquel país -Teodoro Obiang- ni siquiera estuvo cerca de reprimir a sus conciudadanos del modo en que ahora lo hace Muammar Gaddafi.

Cuando menos, la óptica que elige la mandataria argentina para brindar apoyo a líderes extranjeros aparece como asfixiada por una acuciante falta de información. El resultado casi siempre es la torpeza.

Tal vez, exista una razón para que los presidentes americanos mencionados desesperen a la hora de brindar cálidas muestras de apoyo al régimen libio que va de salida: los primeros han echado un vistazo al futuro, y comprenden que ellos mismos podrían encontrarse en los zapatos del líder libio, el día de mañana.

Fuente: elojodigital.com/Por Carlos Vilchez Navamuel y Matías E. Ruiz

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