Casi se frustra un trasplante por el paro sindical de LAN en Ezeiza

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Por el paro que realizaron los empleados de la línea aérea LAN, la vida de un joven cordobés pendió de un hilo. Es que Esteban Arato –de 18 años y que padece leucemia– tuvo que esperar más de 24 horas en la sala de trasplante del hospital Privado: increíblemente, las células de médula ósea que debían viajar desde Buenos Aires hacia Córdoba el día miércoles, aterrizaron un día después, lo que puso en “grave riesgo la salud del paciente”, según contaron desde el hospital.

“La verdad es que sentí bastante angustia y mucho miedo ”, contó a Esteban a Clarín por teléfono desde su habitación, unas horas después del trasplante al que fue sometido. “Por suerte salió todo bien y ahora sólo estoy pensando en rehabilitarme”, agregó el chico desde el cuarto 238, ubicado en el segundo piso del centro de salud de la capital.

La historia de Esteban mantuvo en vilo durante la mañana a la mayoría de los cordobeses, que vivieron con intensidad el minuto a minuto de esta novela con final feliz, que podía haber terminado de la peor manera.

Las células que recibió el joven, salieron el lunes desde Alemania y debían haber llegado el miércoles a Córdoba. Pero el conflicto sindical en LAN obligó a los médicos a posponer el trasplante por un día: “En estos casos, las células de médula ósea tienen una viabilidad que puede extenderse hasta cinco días, siempre y cuando se mantengan bajo los resguardos correspondientes”, detalló a este diario Ricardo Pickesteainer, director del hospital Privado.

Cuando el caso se conoció –y tras una desesperante súplica en distintos medios locales que realizó la familia–, se consiguió el arribo de las células a través de un avión comercial de otra aerolínea. Esto ocurrió cerca de las 9.30 de la mañana; mientras tanto, el paciente hacía 24 horas que se encontraba aislado en la sala de trasplante, inducido y con las defensas bajas. “Teníamos el riesgo típico de las infecciones intrahospitalarias”, relató Pickesteainer.

Finalmente, a eso de las 10.30, Esteban pudo ser trasplantado y la operación resultó con éxito. “Acá nadie se preocupa por el prójimo. Nos tomaron el pelo en todo momento”, denunció, muy enojada, una de las tías del joven. Por último, Juan Arato, el papá, concluyó: “Tuvimos mucha ansiedad y angustia. Quiero agradecer la buena voluntad de la gente del Incucai que –pese al salvajismo de la medida que tomaron los empleados– siempre buscó la manera de solucionar la situación de mi hijo”.

Fuente: Clarín

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