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Clarence, el cajero clave de Kirchner

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Fue el inventor del pago en euros que generó el conflicto con el GAFI. En ediciones anteriores señalamos que Ernesto “Cabezón” Clarence era un importante recaudador kirchnerista de los centenares de millones de euros que están guardados en la provincia de Santa Cruz. La mayor parte de esta fortuna estaría guardada en Río Gallegos y sus alrededores, adonde fue trasladada varios años atrás la vieja bóveda del Banco hipotecario. Allí descansaría la fortuna que acumuló NCK con las comisiones de negocios de obras públicas, telecomunicaciones, energía, además de las operaciones financieras y bursátiles realizadas gracias a la información privilegiada del poder. En realidad, Clarence fue específicamente el cajero K de Vialidad Nacional, que no es poca cosa, pero sí apenas una parte de la fortuna acumulada por Kirchner durante los ocho años como gobernador y los más de siete años en los que fue el personaje central de la política argentina.

Carrera meteórica
Es verdad que el financista devenido cajero habría cobrado grandes comisiones, gracias a los servicios prestados al kirchnerato, a tal punto que acumularía una fortuna personal de 50 millones de dólares. Sin embargo, a lo largo de su vida, las cosas no le fueron tan bien a este financista de 58 años, que comenzó a fines del proceso con una compañía extrabursátil y una pequeña participación en una compañía llamada Finmark. Ésta estuvo asociada al Citibank, cuando estaba presidido por el licenciado Jorge Correa, que dejó un tendal en la sucursal local del célebre banco americano. Todo terminó con la salida apurada de Correa y la ruptura en la bolsa de la sociedad del banco con Clarence. Pero Finmark extrabursátil siguió haciendo negocios. porque Clarence tiene un protector que es Jorge Brito, actual presidente del Banco Macro. En 1994, después del efecto tequila, cayeron el Extrader y el Finmark de Clarence. El Macro, por su parte, tecleó, pero finalmente se salvó gracias a un préstamo de Alfredo Yabrán, que se concretó en los primeros meses de 1995. Cuando Finmark se derrumbó, Clarence era dueño de una mansión en el country Highland, donde organizaba partidos de fútbol, y se hizo muy popular debido al tendal que dejó Finmark con sus ahorristas. Este conflicto lo habría convencido a Clarence de que había llegado el momento de emigrar al sur a buscar nuevos destinos.

Los billetes que inquietan al GAFI
En Río Gallegos, buscó y buscó, hasta que encontró un socio y formó la financiera Credisol, que consiguió el código de descuento de todos los empleados públicos de la provincia y de la capital, a quienes le daba crédito. Esta cartera era vendida a su vez al banco Macro, que precisamente lo bancó a Clarence del ‘95 al 2003, hasta que llegó Kirchner al poder. Éste, al poco tiempo de ser electo, lo amenazó por televisión -sin nombrarlo- a Jorge Brito, que había estado muy cerca de la candidatura de Carlos Menem impulsando a Carlos Melconian para ministro de economía. Pero a Brito lo salvó su íntimo amigo Clarence, que había forjado en Río Gallegos una gran amistad con Julio de Vido gracias a entregar buena parte de los intereses de los créditos de los empleados públicos de Santa Cruz. Así fue la intermediación para que el Macro se salvara. La relación funcionó a tal punto que, desde ADEBA, el Macro es el principal aliado financiero del gobierno.

En sus primeros meses, el flamante gobierno kirchnerista le habría entregado a Clarence la “cobranza” del 10% del total de todas las obras públicas adjudicadas por la Dirección de Vialidad Nacional. Fue entonces cuando este cajero empezó a manejar sumas importantes, hasta que en el 2005 se le ocurrió la idea de convertir las comisiones en billetes de 500 euros para que las valijas contuvieran más sumas con menor volumen físico, así que compraba de a 100 millones de euros a precios más altos de lo habitual. La razón era que las casas de cambio tenían que importar los billetes de inmediato, porque Clarence no podía comprarlos en Europa, debido a que despertaría sospechas. Estas gigantescas compras de euros habrían generado alarmas en el GAFI y altos niveles de la Unión Europea. La reciente advertencia del gobierno alemán sobre los riesgos de interactuar con el sistema bancario argentino, por su vulnerabilidad al lavado de dinero, coincidiría con el anterior pronunciamiento del GAFI. Las grandes compras de billetes de Clarence estarían bajo la lupa de los organismos internacionales.

Skanska
Así fue como, ya sobre el final del gobierno de Kirchner, las remesas clandestinas a Río Gallegos cada vez eran más frecuentes, hasta que estalló el escándalo Skanska, en el que Clarence era un gran emisor de facturas truchas para Gotti Construcciones, ya en manos de Lázaro Báez. Clarence había llegado a Báez a través de su íntimo amigo Luis “pluma” Gotti, hijo del constructor fallecido misteriosamente en el 2005, camino a Río Gallegos, cuando volvía de Chile.

El caso es que, con la causa Skanska, Clarence apareció en la investigación como emisor de facturas truchas, en tanto que la AFIP fue por Gotti Construcciones. Clarence habría llegado a pagar 60 millones al contado, provenientes de exigir el doble a los beneficiarios de Vialidad Nacional. Pero el lío con la AFIP terminó con la Ley de Blanqueo de Capitales, que eliminó las sanciones para el caso Skanska. Éste fue, por ahora, el último capítulo de la relación de este cajero de los Kirchner con el poder, porque decidió alejarse el año pasado para disfrutar sus 50 millones de dólares.

Corrupción | Por: Guillermo Cherashny – El Informador Público

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