Independiente y Boca, un clásico flojo y sin emociones

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Una ilusión lejana. La punta, la pelea por el campeonato. Boca llegó a Avellaneda con una obsesión: el triunfo, el tercero consecutivo. Como los de arriba dejaron puntos, el equipo de Borghi fue por una victoria que lo arrime, que acerque a esa ilusión. Ganar para quedar a 8 puntos del líder Estudiantes. Independiente, el anfitrión, el rival. Renovado, tras la llegada de Mohamed y los triunfos sobre Racing y Defensor Sporting, por la Sudamericana.

Boca tenía la obligación, pero fue Independiente el dueño del juego, en el primer tiempo. Borghi repitió equipo, excepto por el regreso de Sebastián Battaglia por Cristian Erbes, es decir, una modificación que, se supone, potencia al equipo. El Rojo, en cambio, sin lucir y sin mostrar mucho más que su oponente, logró generar las mejores situaciones.

Cuando la pelota pasa por el Cuqui Silvera se abren los caminos para Independiente. A los 20, Fredes tiró la pared con el delantero que lo dejó mano a mano con Lucchetti. Pero el volante se pinchó y el arquero se quedó con la definición, débil y anunciada. Boca luchaba contra sus propias limitaciones –no genera juego- y el Rojo aprovechó las lagunas de su rival, aunque no podía plasmar su superioridad –leve- en el marcador.

A los 26, Lucchetti salió mal en un centro. Le quedó Galeano que la tiró por arriba de todos, la parábola no completó su recorrido y la pelota se estrelló en el travesaño. Pero el que más asustó a Boca fue Silvera, con un remate a colocar, desde la izquierda, que se fue al lado del palo. Boca fue intentos, aproximaciones, mucho sacrificio y poca claridad; a pesar de Escudero, Chávez, Viatri, Méndez y Matías Giménez, los futbolistas de “buen pie” que eligió Borghi.

Debió expulsar a Insaurralde el árbitro Diego Abal. Es que el central de Boca le pegó una patada a Mancuello parecida a la de Curbelo sobre Lamela, que tanto polvo levantó. Fue amarilla para el ex Newell’s, que llegó a la quinta y quedó limpio para volver ante River, en el Superclásico.

Para el complemento, Borghi puso a Mouche en lugar de Escudero. Pareció mejorar el visitante, pero fue un espejismo. Casi no generó jugadas de peligro sobre el arco de Hilario Navarro, siempre sobrio y seguro. El quiebre pareció llegar con la expulsión de Jesús Méndez, que estaba amonestado y reincidió con una fuerte falta sobre Nicolás Martínez, que había ingresado. Roja, Boca quedó con diez y Mohamed vio que era la oportunidad que tenía su equipo para quedarse con los tres puntos. Ya habían ingresado Martínes y Martín Gómez. A presionar por las bandas y a jugar. Pero un cabezazo de Silvera que controló Lucchetti fue lo más cerca de la red que estuvo Independiente. Poco en un partido pobre.

Sobre el cierre, Martínez lo desbordó a Matías Giménez que lo trabó con su pie izquierdo. Un penal ingenuo que Abal ignoró. Pasó desapercibido, tanto que el único que apenas protestó fue el propio Martínez. Se fue el partido con el 0-0, cantado, anunciado, aburrido. Diez puntos separan a Boca de la cima, lejos. Se va, se fue.

Fuente: Clarín

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