Independiente fue sólo una sombra de paso por Uruguay

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El único tanto lo marcó Gracián en contra. Todo se resolverá el martes 19, en la revancha.

Independiente no fue distinto de lo que venía siendo: un equipo que no seduce, que no genera ni un asombro, que juega de espaldas al juego. Sin embargo, a pesar de eso, no fue tan traumático el desenlace de su viaje por Montevideo: la derrota por 1 a 0 contra Defensor lo mantiene con vida y con expectativas en esta Copa Sudamericana que se hizo prioridad y objetivo. Claro, para superar esta instancia deberá mejorar. Y mucho.

Esta cita en el Centenario de Montevideo, territorio de mágicas historias épicas para el Rey de Copas (como aquella vuelta olímpica en la Libertadores de 1973), resultaba para Independiente un espacio para la reconciliación consigo mismo. Sobre todo, a partir de la última victoria frente a Gimnasia La Plata, en el ámbito local. No sólo por el resultado y el crecimiento en cuanto al juego, sobre todo porque el capítulo internacional es el único al que puede apuntar Independiente en este segundo semestre.

No se trataba -sin embargo- de un rival sencillo, más allá de su nombre alejado de las grandes conquistas. Defensor Sporting venía de obtener en su último encuentro como local en esta Copa Sudamericana la máxima victoria en la historia de la competición (9-0 a Sport Huancayo, de Parú).

Ante ese panorama, relevante sobre todo desde la perspectiva de la dupla histórica que conduce al plantel (Francisco Sá y Elbio Ricardo Pavoni, quienes suman entre ambos 20 títulos con la camiseta roja en sus pechos de defensores), Independiente ofreció un planteo razonable: primero, procuró tener la pelota, administrarla con criterio, asegurar los pases. Luego, se mostró como un equipo solidario y trató de estar lo más lejos posibles del arquero de Hilario Navarro.

Dentro de esa idea, fueron valiosos los rendimientos de Eduardo Tuzzio y de Fernando Godoy en la recuperación. También se destacaron la prolijidad de la defensa y la solidez de Navarro (la primera apuesta fuerte de la dupla que entrena al plantel).

Pero a Independiente le faltó la otra parte del libreto: no supo cómo llegarle al Violeta de Montevideo . Intentó por afuera con Nicolás Cabrera (por la derecha) y con Federico Mancuello (por la izquierda), pero jamás consiguió desequilibrar. Tampoco lo logró en los últimos metros, más allá de la intensidad de Facundo Parra y de algunos destellos de Andrés Silvera.

Independiente lo afrontó como un partido de Copa. Pensó más en resolver la cuestión defensiva que en golpear en el área de enfrente. Por un rato, esa búsqueda le salió bien. Hasta parecía capaz de mostrar aquel viejo oficio de los que hicieron al Rojo de Avellaneda un color para todo el mundo. Pero no. Son otros tiempos estos.

Entonces, cuando Independiente trataba de llevar el partido a un terreno neutro, con la inequívoca intención de repartir ceros, se encontró con un azar desfavorable. A los 20 minutos del segundo tiempo, tras un corner de Diego de Souza, Silvera peinó la pelota y luego de un rebote en Leandro Gración, Defensor se puso en ventaja.

No cambió demasiado el desarrollo. Intentó apenitas más el equipo uruguayo. No reaccionó Independiente tras los pasos del empate, como si la diferencia mínima le simpatizara. Y así se llegó, casi mansamente, a ese desenlace que no resolvió nada. Quedó una impresión clarísima: todo está por escribirse en el siguiente capítulo, el martes 19 de octubre, bajo el cielo de Avellaneda.

Fuente: Clarín

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